miércoles, 5 de enero de 2011


Cap. XVIII - (Horror) en la Calle de la Esperanza... 
(de mi novela "Yo, Rodrigo de Siglos")






            Arribaba febrero (fútil) y la inusual neblina apenas mostraba el rostro vejado de la ciudad (diluida) a través de aquel amplio ventanal que daba a un patio interior con ladrillos y helechos desperdigados (observeme).
       Al entrepiso -y en colección privada-, obras plásticas de don Guillo, Bidó, Suro, Oviedo, Morel, Blanco, Ureña, Elsa… alternaban con los batanes cinetistas de doña Soucy, como si…
       Era el ocaso de los odiosos doce años y el probo (hacendado) don Antonio (Guzmán) terciábase la ñoña (cual decíase). El país bullía en ilusiones.   
       Non para menos, fue el primer traspaso de mando pacífico a fuerzas de oposición -tras elecciones libres- en nuestra historia republicana.
       So, era de celebrar…
       (Aun, recuperábamos de los estragos causados por el huracán David, y el reflujo de los damnificados al Bajo Yuna y los Haitises, siempre una vaina…)
       Dual, las campales peleas en el hogar (demás) me atortojaban… Y es que la tal Justina (¡A la porra!)
       Aquella exasperábase a cualquiera (ta, ta). Al tracto -y a Dios gracias-, de gira con las nenas (las Albas) por el sur -Barahona, y Pedernales-, hacia el Lago Enriquillo (dizque a ver los cocodrilos, y las iguanas), con su clase...
       (Apenas por ellas aguantaba)
       Mas aspiraba, y despejar debía.
       (Un mangú con queso frito -y aguacates-, humeaba sobre el mantel a cuadros, y...)
       Remiso, armeme aquel rellano. Augurábase un gran (can) concierto, so… Elegime -añoro agora- un pulover de listas rojas dobles, y aquella (afónica) bufanda ¿a rombos? -¡Arajo!- que habíame zancajeado nel Hospedaje. Privando en pibe, yo…
       (Cogitaba).
       Aqueste era (definitivamente) un vecindario de eremitas.
       Y como tal, nadie asomose.
       (Lascivo derredor)
       Oreaba.
       (Al Reloj de Sol -colonial- nebulaba el tiempo y...) 
       A través de sus enjutas callejuelas, empedradas de antaño -al parecer surgidas de alguna novela irredenta de Saramago-, caminé (yo) recauto. Tiritábame muermo. A pesar de la ligera parca que me enfundaba hasta los codos, y aquella chalina a rayas, que atosigábame al sofoque.
       (¿De dónde ocurrióseme aquella pinta?).
       La estación de autobús quedaba cerca, mas… yo estaba como aherrumbrado. El C-1 atisbábase a lo lejos. Debía apresurarme. Si no, perdería la última oportunidad de alcanzar el cielo (apuraba).
       Aquel cartel decía: A las 18.00 horas / Concierto del Caballo. Bueno. Tamaña gozada, barrunteme.
       Una mulata de ojos verdes (y melena ensortijada a camomilas) apremiaba en dirección contraria, asiendo un cartapacio…
       (Iridiscente malgama de etnias,… hacia una única e indisoluble: la humana…, abstraía yo)
       “¡Chicharrones, chicharrones...” -de Villa Mella-, “…con yaniqueques!” -de Boca Chica– pregonaba ya sin fuerzas aquel buhonero (nómada).
       Aterrizando, adelanteme a abordar el ómnibus que llevaríame al Coliseum. Solo un pasajero, solitario -o como de otro plano (antojaba)-, rascábase las orejas, taciturno.
       (Hoy, el Chavo del Ocho -y el Chapulín-, de matinee a...)
       “Buenas”, espetele, y adosose a la ventana. Apenas oíle (¿respondiome?). Era un tramo bastante largo para ser un autocar urbano, tal no dile mayores créditos. Ora, ajusté mi aparato localizador (o beeper), a mi cinto (creí), y hojeeme el diario de la tarde: Nacionalizan la Rosario. Tanto alboroto por unas cuantas pepitas de oro (increpaba). (Aun) nunca entendí por qué suicidose don Antonio (tras el triunfo de Salvador y su camarilla). O solo me hacía el loco…
       (Hasta los chinos de Bonao consabíanlo, je)
       Ya, las graneadas pugnas entre Peña y Majluta...     
       Tan empinada la cuesta. El colectivo a duras penas avanzaba. El chofer metiole un cambio (de fuerza), y… “Era la transmisión…”, arguyome.
       (Mabí, mabí seibano, original mi marchante, de bejuco de indio y endulzao con melao -y no miel, no-, casi obligome a comprar el mercachifle a...)
       Por eso, volviose Balaguer -diez largos años más, en el 86-, ya ciego y agostado, a realizar el gobierno “que había soñado desde niño”, con obras monumentales -como era su estilo-, y hasta un mastodóntico faro (con una inmensa luz en cruz reflejada al cielo) en honor al Almirante -que allí yace-, ya a 500 años del Descubrimiento… ¡Apoteósico!
       Asertivo, aludo hoy.
       (…Planear, planear, prever, planear… Planes estratégicos. A fin de optimizar el tiempo, y los recursos… para minimizar los gastos, y riesgos… Esa es la razón fundamental por la que los países desarrollados se desarrollaron…, oíase en la radio… Anjá, ¿y del saqueo –sistemático- qué?)
       Epistemológico.
       Al bajar en la parada no hubo usuarios.
       (El apagón -eléctrico- era general por lo que... Parecía boca de lobo, uf...)
       Irreal estío, la calzada destilábase un extraño olor a humedad que me agobiaba. ¿En dónde estaba?  Creí equivoqueme de guagua.
       (La parte alta de la ciudad -en realidad baja- lucía depauperada y caótica demás ya...)
       Nesa hora, leíase apenas: la Calle de la Esperanza. Extraño nombre, cavileme.
       (Un cigarro -o cigarrillo- humeante aún erraba por el suelo cual...)
       Cierto, nunca había…
       Intempestivo, cruzó un vagón sin señas. ¡Siniestra encrucijada! Inquietaba (obvio). Empecé a sentir pavor (y hasta empacho). Acelereme el paso. A recuas. Y pensé volver atrás (dilataba)…
       Engranujeme.
       (...El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo oh Jehovah... / Salmo 91:1-16)
       Aquella sombra incordiábame. (Poscuento) atiné a correr. Corrí. Corrí. Corrí como un desaforado. (Vi) tras de mí, aquella figura (fornida) que apresuraba sus pasos, a mi desmedro...
       (?)
       Me seguía.
       ¡Ay mi madre!
       (Y no la Madre Teresa -de Calcuta-, o el Dalai Lama, pudieron infundirme ya...)
       Mosca, pedí ayuda. Grité. Mal, nadie oyome. Escurrime (raudo). Como ánima que azuzábase un tal Leviatán...
       (¡Jesús Sacramentado!)
       “Con tantos crímenes y tropelías nestos días (traperos), creía que mi hora había llegado”, condíjeme. ¿O acaso no había pedido (lo)? Ja, no es lo mismo llamar al diablo, que verlo venir… (por ahí se argüía). Mal… ¿Si era un policía? Aterreme entonces (aún más). Demás. Ainda los remanentes del viejo régimen coviviense y…
       ¿Dónde estaba?, inquirime. (Jo) hociqué, y caí al suelo.
       Al doblez de la acera, advertime aquella bufanda a rombos sí, en lilas o azules (¿o éranse prusias, y cianes?)… rodaba nel asfalto (estropeada ya)… Releguela pos.
       (¿Qué será de tí?, de la eterna Sonia restallaba a lo lejos en una vellonera...)
       Sentí un frío como de muerte. ¡Cuan noche aquella! (jojota).
       (En Dios confío, decía. ¿Mas, en Dios confiaba?)
       Agobiado, quise vocear, tan ni pude: enmudecime. (Ah alevosía).
       So, aquella silueta abalanzose sobre mí (vile). Atestiguolo agora. (Y conciso) sacó de su gabán -en sil- algo como un arma (o faca, ¿a escaques?). Espeluznaba yo (incierto). (Lerdo) reconocime al pasajero solitario, nel autobús...
       (Umbrío, columbreme)
       E intenté defenderme, obstaba…
       (Las mafias y fieras redes relacionadas con el narcotráfico, la trata y la sempiterna corrupción local empezaban a…)
       “Señor, señor, su localizador”, solo aquel dijo... (Gulp).
       “Gracias… Gracias…”, contestele (aún jadeante) yo.
       Mi beeper... (claro). (Memo) escurrime...
       (Maliciosa idiosincrasia oh)
       Após (frente a mí), aquel cartel desglosaba: A las 18.00 horas / Concierto del Caballo. Llegueme justo a tiempo… (Cuaz).
       Grandioso, el alboroto (arriba) armose descomunal.
       (A nadie comentele, lo...) (Hasta ahora)
       Uh.
       Hipertrofias de fin de milenio...
       (Al derrumbe del Muro de Berlín, un sistema unipolar ora erigíase, y no estaba para chistes yo)


                                                                                           C.V.

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